Heridas de melancolía y de belleza

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a_quiet_passion en blog Eva Muñoz

El agua se aprende por la sed;

la tierra, por los océanos atravesados;

el éxtasis, por la agonía.

La paz se revela por las batallas;

el amor, por el recuerdo de los que se fueron;

los pájaros, por la nieve.

Emily Dickinson

La belleza de A Quiet Passion (Historia de una pasión) hiere. Heridas de imposibilidad de absoluto y de melancolía. Así están las mujeres de A Quiet Passion. Así están Emily Dickinson y su madre: una presencia, la de esta última, que en su casi mudez, casi habitante del mundo de las sombras o de los muertos, me parece determinante. Y hay un momento en que habla que es para mí crucial: cuando evoca la maravillosa voz de aquel muchacho que murió a los diecinueve años y cantaba en la iglesia. Se diría que aquella mujer quedó anclada en aquel instante. Su emoción, su hálito vital, ella entera, quedó allí, y lo que sigue entre los vivos es apenas una cáscara… Desconozco absolutamente la intención de Terence Davies. No soy más que una lectora reciente y aún poco conocedora de Dickinson. Pero para mí ahí reside la clave de la película, ese es el momento que me permitió entender el drama de esas mujeres, de Emily, de su madre: la imposibilidad de absoluto, sea este Dios o el Amor. Su ausencia en esta vida. O, tal vez, su evanescencia, su estado de perpetua promesa, su pertenencia a un tiempo que nunca es presente… y la consiguiente melancolía que en ellas, en ella, Emily, un ser extremo, deviene insoportable. Más aún cuando se ha confinado a todas esas mujeres fuera del cuerpo (a toda la sociedad, en verdad, pero siempre es en ellas en quienes recae la responsabilidad de velar por el mantenimiento de la cosas: el hogar, las normas, la cultura…), pues aunque los misterios del amor (o los de Dios) son del alma, un cuerpo es el libro en que se leen.

Ellas dos, madre e hija, son el otro rostro del imperio de la ley del padre: ese mundo victoriano, ascético, aplastado por el absoluto de Dios, de la ley, del rigor, que pretende contener las pasiones y el cuerpo, donde residen, para contener un mundo que se desborda… para que toda la energía sea trabajo y loa a Dios y a la Ley en su perpetua reproducción. Emily es plenamente consciente de las grietas, de las más hondas, por las que se cuela la intensa llama que alumbra su poesía, pero es difícil sostener tanta melancolía…

Acostumbrados a un dibujo simplificador que sitúa a la poeta mucho más en la esfera del padre que en la de la madre, como una solterona mística y contenida, ajena a las pasiones del mundo, constituye un hallazgo la mirada de Terence Davies. Porque Emily Dickinson ardía de amor, de un amor carnal y real que la fundía a ella toda en espíritu.

A propósito de L’Avenir

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L'Avenir en blog Eva Muñoz

Sin dramatismo, sin énfasis, pero con extraordinario cuidado, así es la manera de narrar de Mia Hansen-Love la vida de su protagonista: una mujer que, a los cincuenta años, se enfrenta (en verdad no hay “enfrentamiento” por su parte, sino vivencia) a la pérdida, a sucesivas pérdidas. Un vuelco de su mundo. La película propone (constituye) una reflexión existencial en un “tono menor”, con sencillez, sin frases lapidarias de ningún género. Y, no obstante, no deja de destilar dolor… y aceptación, que no conformidad. Me parece determinante que la protagonista (una espléndida, of course, y extraordinariamente convincente Isabelle Huppert) sea una mujer, y no un hombre, pues en este mundo que es el nuestro, es sustancialmente distinta la experiencia del mundo de uno u otra en ese momento de la vida en particular, y ese es sin duda uno de los elementos distintivos y más interesantes de la película. No hay queja al respecto, sino pura elaboración. En fin, si alguna crítica he de hacer al film es tal vez el excesivo equilibrio de su protagonista (por estos barrios somos un poco menos templadas). Pero la recomiendo vivamente si no se ha caído del cartel este viernes. Por cierto que el plano secuencia que cierra la película, me parece toda una lección de lenguaje cinematográfico.

Festival de Música Polaca

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Apollon Musagète Quartett en blog Eva Muñoz

El Festival de Música Polaca, al frente del cual está el músico Pawel J. Marciniak, arranca discretamente hoy en el Palau de la Música, pero cuenta con una de las mejores sopranos del momento, Iwana Sobotka, que acaba de trabajar con la Filarmónica de Berlín a las órdenes de Sir Simon Rattle, y con el excelente Apollon Musagète Quartett (mañana domingo). La cantante actúa esta tarde con la Orquestra Simfònica del Vallès en un programa en el que se podrá escuchar la Cuarta de Mahler y a dos grandes compositores polacos, Szymanowsky y Górecki.

Que la música de Mahler está muy próxima a nuestra cultura es quizá el motivo por el cual es uno de los compositores más habituales en las salas de conciertos de todo el mundo. De eso y del resto del programa que sonará esta tarde en el Palau de la Música hablé con Víctor Pablo Pérez, director de la Orquesta y Coros de la Comunidad de Madrid y que esta vez estará al frente de la OSV. Podéis leer la entrevista aquí.

La Quarta de Mahler en blog Eva Muñoz

Boreal Invierno Austral

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David Casassas en blog Eva Muñoz

La poesía de David Casassas es corporal, terrenal, elemental. Está atravesada de luz, asombro, amores incipientes, sur. Es impura, manchada de realidad y se expresa en dos lenguas. Ayer dijo sus versos de pie y sonaron bien, en el espacio que también creaba la música envolvente de Hans Laguna, las fotografías de Cristina Ortiz, que le acompaña en el libro Boreal Invierno Austral. Lo edita Animal Sospechoso y lo presentaban en el Pipa Club, el que reabrió en Gracia, que se llenó, a pesar de la lluvia. No estábamos todos pero éramos muchos. Y fue emocionante.

Encarnación poética

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Marina Oroza en blog Eva Muñoz

Este medio día, en Nollegiu, en esa maravillosa segunda planta, el suelo enmoquetado, la escalera que sube en un círculo abierto, los antiguos probadores y ese hálito que persiste de ámbito femenino, de infancia, de espacio laxo y protegido, allí, Marina Oroza ha encarnado sus poemas, porque no es performer, ni recita ni lee sino que encarna su poesía, y eso andaba ella buscando y hemos encontrado jugando entre unas y otras de las que estábamos, porque no programáticamente pero éramos todas mujeres, también Margot, y al girar una esquina un edificio que anuncia en lo alto “banc de sang i teixits” y que ha respondido cual oráculo moderno, para nuestra sorpresa, no de la enfermera, no de la científica, sangre, tejidos, esto es real, como el libro de Marina, como la poesía encarnada, ¿cómo no sorprenderse habituadas a los flujos financieros y el lenguaje vacío?

Luego, el domingo ha proseguido con calma, luminoso, entre nubes, frente al mar, con arroz, vino, conversación, risas, el biberón.

Banc de sang i teixits en blog Eva Muñoz

De un viaje a Madrid

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david vencedor de goliat

MO dice: a Madrid hay que ir a ver pintura, a ver el cielo y a tomarse unas cañas con los amigos. Y eso hice… Aunque MO, entonces, aún no me lo había dicho.
El libro llevaba años en mi librería. Había resistido más de una purga, pero no lo había leído. Las escasas veces en que lo había abierto, no me había interpelado. No le había llegado su momento. Ahora entiendo que su momento era éste. Como el mío.
La noche en que abrí el libro y encontré mi sueño, un sueño reciente profundamente angustioso, me dio un vuelco el corazón. Sentí miedo. Pero fue el miedo que produce el descubrir la trama subterránea las cosas. Al miedo le sucedió una gran tranquilidad. Y la certeza de haber cambiado de lugar, de haber traspasado un umbral… De pronto, todo lo sucedido en este difícil mes de julio cobraba sentido.
También la emoción que sentí mirando el cuadro “David vencedor de Goliat” de Caravaggio en el museo Thyssen. David, cuya expresión es de profundo compromiso con su cometido. Eso fue lo que me emocionó. No tiene cara ni temerosa ni de victoria, sino que muestra una gran concentración. Es costoso, pero ahí está, sin la menor duda, la cabeza de “la bestia” yace en el suelo. A diferencia de cómo retratan otros pintores la cabeza de Goliat, más cercana a la cabeza de una escultura, aquí no hay duda de que es la de un hombre, un hombre fuerte y cruel, que ha sido derrotado. Pero yo miro y honro el rostro y la expresión de David, que es la de la rendición a sí mismo y no al enemigo, a su cometido, a su destino. El rostro de quien se entrega, seria y humildemente, con determinación y coraje, a su tarea, la que quiera que sea, libremente elegida.
Me conmueve también el cuerpo joven y perfecto de “San Juan Bautista en el desierto”. Está en la cima de su juventud y su belleza, y esa blancura de la piel es el heraldo del propio tiempo inclemente que la amenaza, que la arruinará… Ese esplendor en trance de desaparecer y esa expresión obstinada de San Juan Bautista, resistiéndose, son profundamente conmovedores. No es la expresión de David, sin embargo, es un mohín de juventud. Ahí reside su fuerza, pero aún no ha aprendido a dirigirla.
Y me emociona la blancura de la piel del joven que se muestra en escorzo en el cuadro “Los músicos”. Es esa precisa blancura de los cuerpos de Caravaggio, su tersura, su morbidez (además de la expresión del rostro de David) la que me hace sentir el tiempo, o la fragilidad humana y la dignidad de la resistencia frente a todo lo que se le opone. Resultan conmovedores los rostros de los otros dos jóvenes, su ensoñación, su expresión dulcemente interrogativa, pero casi invitarían a levantarles nuestra voz adulta, a decirles: “¡atentos!”. Es el cuerpo del muchacho en escorzo el que más hondamente me conmueve, se aplica en leer la partitura, está concentrado mientras expone su delicado y blanquísimo hombro al público, su corazón, apenas protegido por el brazo… Recordándonos, quizá, que hay que aceptar el riesgo. Uno debe de rendirse humildemente a su tarea, estar atento, aprender a canalizar la creatividad y la fuerza… pero hay que saber aceptar el riesgo. Es parte del trato.
Pasé el día siguiente en el Prado, viendo otros cuadros de los grandes maestros. Contemplando toda la belleza y la verdad que contienen, conversando con ellos, tomando notas en mi cuaderno, como si todo aquel día fuera un reconocimiento y una reconciliación conmigo misma, con la que soy y como soy: la que mira atentamente las obras de creación y dialoga con ellas, la que crea también en conversación con los otros, con algunos otros, con quienes la interpelan. Y podría traer aquí a colación algunas de aquellas obras, un maravilloso “bodegón con cacharros” de Zurbarán que no conocía y que me transmitió una gran serenidad, y tantas otras obras de Velázquez, de Goya, de José de Ribera, de El Greco, de Rubens… Me sentí bendecida. Fue una mañana muy hermosa. Fue sanador.

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Crónica Edita Barcelona

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Edita16-Crónica-1_Página_01Entre el 6 y el 8 de julio se celebró en Barcelona el Primer Foro Anual de Editores, Edita Barcelona, bajo el lema «Estrategias y renovación en el mundo editorial». El Gremi d’Editors de Catalunya, promotor junto a la Universitat Pompeu Fabra de la iniciativa, me propuso cubrirlo y escribir una crónica.

Durante escasas cuarenta y ocho horas, alrededor de treinta editores y algún otro profesional de la industria salieron a la palestra en formato de sucesivas mesas redondas para hablar del estado de la edición -material e intelectual-, los estados anímicos, problemas, oportunidades, retos… En fin, una sesión de diván con público en toda regla que ingerí casi sin respirar y digerí algo más pausadamente en esta crónica. Podéis leerla aquí. 

Un passeig per la llum

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«Declaro que un matí radiant, ja no sé exactament a quina hora, com que em va venir de gust anar a fer una passejada, em vaig plantar el barret al cap, vaig abandonar l’habitació dels escrits o dels esperits, i vaig baixar l’escala per sortir amb pas decidit cap al carrer. […] Esperava alegrement amb emoció tot el que em pogués trobar durant el passeig.»

El passeig, Robert Walser

Amb aquest esperit vaig abandonar la meva particular habitació dels escrits o dels esperits un dijous al matí, assolellat. No vaig caminar, sinó que vaig pujar en una bicicleta i vaig enfilar cap a Montjuïc. Havia decidit fer una passejada per una exposició en companyia de Fede Montornés, crític d’art i comissari independent, melòman i amic. Aquesta passejada seria la meva aproximació a l’obra de Modest Mussorgski Quadres d’una exposició, que al seu torn havia estat la manera de Mussorgski d’aproximar-se a les deu pintures que formaven l’exposició del seu amic Víktor Hartmann, pintor i arquitecte […]. Continuar llegint.

Article publicat en el programa Impressions entre bastidors de l’Orquestra Simfònica del Vallès amb motiu del concert Quadres d’una exposició, celebrat l’11 de juny al Palau de la Música. 

En la cabeza del creador

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Dice Carlos Cañeque (Barcelona, 1957) en una autoentrevista estupenda y muy divertida que con Sacramento, su tercera película, cierra una trilogía. Y uno arranca con Queridos intelectuales (del placer y del dolor), sigue con La cámara lúcida y termina con este Sacramento protagonizado por un cura loco y un don Juan sádico y misógino y en cierto modo le parece estar viendo la misma película o, mejor, episodios sucesivos de la misma historia. Los personajes, los entrevistados, los temas, los cuadros de Maite Grau, la música que compone e interpreta el propio Caqueñe, parecen transitar de una obra a otra por esas vías que aparecen de manera recurrente en sus películas (…)

Artículo publicado en el Cultura/s de La Vanguardia a propósito del preestreno en la Filmoteca de Catalunya (15.06.16) de Sacramento, tercer largometraje de Carlos Cañeque.

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Una escritora en el congreso

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Nada que declarar: El libro de Diana, cuarta novela de la escritora peruana Teresa Ruiz Rosas, ha llevado a su autora hasta el congreso de su país, en el contexto de una iniciativa legislativa que pretende poner fin a la trata de personas, asunto que aborda el libro; y hasta Barcelona, lo que me brindó la oportunidad de conocerla y de escribir este perfil para La Vanguardia.

Teresa Ruiz Rosas en blog Eva Muñoz

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