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Adan Kovacsics, Invitación a la casona; Acaece, sin embargo, lo verdadero; El destino de la palabra; Memorias del subsuelo; Acantilado
La coincidencia de tres libros de Adan Kovacsics en librerías, permite ahondar en su obra: una reflexión crítica sobre la modernidad y sus efectos sobre el lenguaje.
Artículo publicado en el Cultura/s de La Vanguardia del sábado 10 de octubre de 2026. Podéis leerlo íntegro más abajo.

En los últimos meses han llegado a librerías tres nuevos libros del escritor y traductor Adan Kovacsics (Santiago de Chile, 1953): Invitación a la casona, una novela corta recientemente publicada por Ediciones del subsuelo y, en 2025, Acaece, sin embargo, lo verdadero y El destino de la palabra, dos títulos cuya reflexión en torno al lenguaje y todo aquello que lo amenaza, que es también lo que amenaza la vida, resulta hoy imprescindible.
Se trata de una feliz coincidencia y una excelente ocasión para volvernos a acercar o descubrir a un autor al que quizá conozcamos más a través de algunos de los grandes autores centroeuropeos a los que ha traducido, y que aúna una gran calidad literaria con una reflexión ensayística de calado. Constituye además Kovacsics una rara avis en el panorama de la narrativa española; se diría que es un autor centroeuropeo que escribe en castellano, algo que no es ajeno a su propia biografía. Y es que una se adentra con Bodo, el joven protagonista de su última novela, en esa casona que es una cierta alegoría del mundo y, a la vez, parece completamente ajena a él, y la encuentra llena de resonancias a autores de esa tradición literaria, a Kafka, a Mann. Como Castorp, también Bodo parece de pronto extrañamente atrapado en esa casa, como si transcurriera allí un tiempo distinto o el tiempo hubiera quedado en suspenso. Todo allí nos resulta familiar e identificable y parece cavilar acerca de nuestra naturaleza y la del mundo que creamos, y nos es a la vez extraño y enigmático, tocado por una vibración lírica y atravesado de humor. Protagonizada por un muchacho movido por el imperioso deseo de hacer el bien, se antoja una rara novela de formación, tan misteriosa y llena de paradojas como la propia vida.
Adan Kovacsics nació en Santiago de Chile, hijo de emigrantes húngaros, y se formó en Viena. Ya en los ochenta se instaló en Cataluña, donde ha desarrollado su carrera como autor y traductor. Ha vertido al castellano a autores como Karl Kraus, Joseph Roth, Stefan Zweig, Imre Kertész o László Krasznahorkai, y ha recibido algunos de los más prestigiosos premios europeos de traducción, entre ellos el Premio Nacional de Traducción del Ministerio de Cultura. Es además miembro de la Academia Alemana de la Lengua y la Literatura y autor de títulos como Guerra y lenguaje, El vuelo de Europa o Las leyes de extranjería.
Oscilando entre el ensayo y la narrativa y combinando elementos de ambos, la obra de Kovacsics propone una reflexión crítica en torno a la modernidad y, en especial, en torno a sus efectos sobre el lenguaje y la capacidad de éste para representar el mundo. La lleva a cabo a través de textos ensayísticos y de relatos de carácter simbólico o alegórico o de relatos de apariencia realista pero en los que inesperadamente irrumpe lo extraño y lo sombrío dando un vuelco a nuestro mundo de certezas y poniendo de manifiesto la ambivalencia de la existencia. Es magistral en este sentido “Un viaje al Etna” y maravilloso y elocuente también ese otro relato de título “Invención y verdad” que hibrida narración y ensayo en una imaginaria conversación telefónica o monólogo interior entre Kertész y el autor. Ambos textos pertenecen al volumen titulado tras el verso de Hölderlin Acaece, sin embargo, lo verdadero, un libro que orbita en torno a asuntos como la experiencia, el lenguaje, la memoria, la imaginación, la verdad y el modo en que se vinculan entre sí. El destino de la palabra, por su parte, tiene un tono más político o combativo, constituye casi un manifiesto acerca de un tiempo de destrucción, que es el nuestro.
Dice Kovacsics con Kertész en uno de estos ensayos que el escritor debe sustraerse al lenguaje “vigente”, que no es sino “el lenguaje del poder”, pues al reducir la realidad a falsedades y tópicos, acaba privándonos de nuestra propia memoria y experiencia. Y es el arte, la literatura, la que viene en la contemporaneidad al rescate de la experiencia, la que la acoge “en su espacio de invención y verdad”, nos dicen también. A esa certidumbre parece responder la obra de ambos.















